Crónica "El señor de las moscas"
Por Andrea Gutiérrez
Crónica
El sol pegaba muy fuerte y con aquel ambiente tan húmedo se me pegaba el uniforme gris, el sudor y la arena ensuciaban mi pelo rubio y el cielo en ese día tan despejado era casi tan azul como mis ojos que dirigían la mirada hacia todos lados, pero aún tranquilo y sin pánico porque aún no asimilaba el lugar en donde estaba. Después de un rato caminando escuché un grito de ayuda que provenía de la selva, de entre las enredaderas salió un hombre pequeño y gordo casi de mi edad, de unos 12 años aproximadamente. La verdad desde el segundo en que lo vi no me agrado, tal vez era su aspecto físico, aunque realmente no soy una persona tan prejuiciosa, pero en ese entonces yo era tan serio y tímido, y él era tan diferente, me hacía preguntas como si yo supiera dónde nos encontrábamos, sólo recordaba que nuestro avión se había caído y ahora no había adultos que nos pudieran ayudar, ni siquiera el piloto.
El Niño me preguntó mi nombre y cortante le dije que me llamaba Ralph, creo que esperaba que yo le regresara la pregunta, pero la verdad no era de mi interés saber su nombre, sin embargo, me dijo que su apodo era Piggy y no le gustaba que lo llamaran así, pero no le di importancia.
Caminábamos por la laguna cuando vimos una hermosa grande y blanca caracola, me pareció fascinante y Piggy me dijo que la utilizáramos para llamar a los otros, soplé la caracola y esta tenía un sonido tan fuerte e intimidante que sería difícil que alguien no lo escuchase. Comenzaron a llegar más niños, pero ninguno adulto, de pronto un grupo de adolescentes vestidos de negro y con gorra se aproximó marchando, su líder se llamaba Jack y la verdad me caía muy bien.
Ya reunidos comenzamos a conversar y buscar tareas que hacer. Nos dimos cuenta de que era necesario tener un líder y desde el primer momento todos sin dudarlo votaron por mí. Comenzamos a repartir tareas y poner reglas, una de ellas era que el que tuviera la caracola era el único que tendría el derecho de hablar durante las reuniones. Uno de los planes era hacer una hoguera y mantenerla prendida para que si alguien pasaba nos pudiera rescatar. También planeábamos construir refugios. Todos entusiasmados realizaban sus tareas porque tenían fe de que alguien nos rescatara pronto. Piggy en cambio no estaba tan feliz ya que era la niñera de los más pequeños, sin embargo, los cuidaba.
No olvidaré aquel día en el que vi un barco por aquel mar Pacífico y mi esperanza revivió, fue al ver que la hoguera no estaba prendida cuando esa esperanza se convirtió en una furia pura, Jack estaba a cargo esa vez de mantener la hoguera encendida, pero por su estúpida afición por cazar la descuidó. Llegó presumiendo que por fin había matado a un cerdo. Piggy y yo habíamos visto al barco, pero nuestra furia era tanta que no le dimos importancia a su "grandiosa hazaña". Cuando le dije a Jack lo sucedido solo me dijo que había matado al cerdo y gracias a eso teníamos comida, sin duda yo estaba furioso ¿que nadie quiere ser rescatado? Lo único que les importa es cazar. Jack estaba a la defensiva, pero no decía nada a mí me tenía cierto respeto, aunque era notorio que no le gustaba seguir órdenes.

Las cosas empezaban a cambiar, la violencia y el miedo se hacían cada vez más presentes. Los más pequeños comenzaban a hablar sobre una bestia que se había llevado a un niñato con una mancha grande en la cara, recordé haber visto a ese niño y me di cuenta de que ya no estaba. No sabía qué pensar, pero lo menos probable es que hubiera sido una bestia.
Convoqué una reunión y hablamos sobre eso, los niños comenzaron a contar relatos sobre lo que alguna vez vieron, los más grandes los convencíamos de que no existía tal cosa, pero Simón que era de nuestra edad comentó que había una posibilidad de que sí existiera alguna bestia, todos lo mandaron a callar porque no querían que los niños se asustaran más. Simón decía que la bestia éramos nosotros mismos. Otro niño pequeño llamado Percival afirmaba que la bestia salía del agua. La asamblea se había envuelto en una discusión y yo intenté poner orden, pero Jack me desafió diciendo que las reglas no servían, la reunión se había acabado y yo me cuestionaba mi posición como líder, ya no quería serlo, cada vez perdía más la fe de que alguien nos rescatara, pero Piggy siempre me acompañaba y me pedía por favor que no lo dejara, Jack y Piggy se odiaban mutuamente por lo menos Jack aún me hacía un poco de casi a mí. Me convenció de no hacerlo.
Esa misma noche los gemelos (niños pequeños), me despertaron para decirme que habían visto a la bestia, me moría de miedo por dentro, pero les dije que llamaran a todos para hacer una reunión, en esta nos contaron lo que habían visto y tu terrible experiencia, ya mencionó que había un lugar que no habíamos explorado y que habría que buscar ahí. Así fue, nos dirigimos al lugar y nos quedamos petrificados al ver semejante bestia, aquella era un enorme simio nos devolvimos lo más rápido que pudimos y le dije a Jack que sus cazadores no podrían hacer mucho contra esa cosa, él enfadado por lo que dije, convocó una reunión para decir que yo ya no era su autoridad y que él se iría, invito a los demás a irse con él, en ese momento nadie respondió y humillado se fue de la reunión, pero más tarde cuando quisimos mover el fuego Piggy y yo nos dimos cuenta de que los grandes se habían unido a Jack.
Nos robaron el fuego y nos invitaron a un festín en la playa que era donde ahora vivían. Durante el festín donde todos estaban reunidos, Jack les ofreció a todos comida y seguridad si se unieran a su tribu. Esa noche Jack me dio a entender que las reglas que había no existían más para él, y que ya no me consideraba su líder. Desesperado, estaba a punto de soplar la caracola, pero el cielo comenzó a desprender rayos y en ese momento Jack gritó algo sobre una danza, todos comenzaron a seguirle la corriente, se comportaban como una secta en pleno ritual, formaron un círculo y comenzaron a bailar. Piggy era el único que estaba conmigo.

En eso llegó Simón de entre la oscuridad y la tribu lo atacó sin razón y sin piedad, Simón cayó al piso y comenzó a salir sangre. Piggy y yo impactados decidimos olvidar semejante escena y pensar que nunca estuvimos ahí. Más tarde mis pensamientos me ahogaban en la oscuridad lo único que quería era salir de ese lugar con Piggy y los gemelos, pero para qué alguien nos pudiera rescatar era necesario mantener la hoguera encendida. La logramos encender entre los cuatro. Estuvimos en calma un tiempo hasta que escuchemos a la fiera y todos huyeron, la fiera y yo peleamos, pero momentos después me di cuenta de que era Jack y me había robado los lentes de Piggy. Al enterarse Piggy de esto decidió ir por ellos sin importar qué le pudiera pasar, pues estaba harto de los otros y sus actos salvajes. Lo acompañé, pero al llegar nos atacaron, habían atrapado los mellizos mientras Jack y yo peleábamos. Piggy intentó hablar, pero una enorme roca cayó sobre él y lo tiro por el acantilado que media más de 12 m.

Después de eso me comenzaron a lanzar sus afiladas lanzas, me lograron hacer algunas heridas, pero logré huir de ahí. Los gemelos terminaron por unirse a la tribu, aunque me dijeron y Jack iba por mí. Me escondí y pude tener un momento de alivio hasta que empecé a escuchar que el grupo había incendiado la selva, sólo pude pensar en escapar y por el miedo no se me ocurría qué más hacer ante tal situación, me escondí y en un momento vi a uno de la tribu con una lanza afilada, lo enfrenté y con éxito lo derroté, pero él era solo uno de todo el grupo que iba tras de mí. Comencé a aceptar mi destino, estaba por rendirme cuando vi a un hombre de la marina en frente mío, me saludó y lentamente le devolví el saludo. La tribu se quedó quieta al ver al hombre, este dijo que había visto fuego y que nos rescataría.
Nos preguntó cosas como si todos éramos ingleses, y si sabíamos cuántos éramos y quién era el jefe del grupo. "No murió nadie ¿verdad?" Nos dijo el hombre, le contesté que 2 habían desaparecido bien sabiendo que estaban muertos. Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y todos los demás se contagiaron de aquel sentimiento inexplicable, comenzaron a sollozar también. Aquella experiencia hizo que perdiera mi inocencia, no sólo eso, también perdí al amigo más sabio que habría conocido, Piggy. El policía nos dio tiempo para asimilar lo que sentíamos mientras a lo lejos veía el espléndido crucero.
Referencia:
Golding William, (2010). El Señor de las Moscas. (Carmen Vergara, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1954).